"No me da la gana. No quiero que mi pensamiento me lo estén dictando a cada paso los vigilantes voluntarios de un sectarismo político del que ya no están a salvo ni las opciones más personales de la vida." ANTONIO MUÑOZ MOLINA




lunes 4 de enero de 2010

FELIZ BEYONCÉ, DIGO FELIZ 2010





Parece que la última entrada de 2009 ha pecado de un exceso de tristreza y ha dejado “tocados” a algunos amigos, entre ellos a Juan. Y como no es plan de amargarle a nadie el año nuevo, y como hoy es mi cumpleaños y me apetece regalarme algo, y como me apetece también regalarle algo a mis amigos, y como ayer –entre cerveza y cerveza– todos coincidimos en que Beyoncé es un estupendo regalo, al menos para la vista, pues ahí va uno de los vídeos de la susodicha y estupenda mujer, como regalo para el año que comienza y como disculpa pública por la tristeza de lo que “decíamos ayer”.

Ah, se me olvidaba: FELIZ 2010 A TODOS LOS QUE PASAN POR ESTE CAMINO.

jueves 31 de diciembre de 2009

UNO MENOS






He mirado el taco del almanaque ya tan viejo de 2009, con el montón grande de los días pasados y el brevísimo de este único día que le queda al año agonizante, y he mirado también el taco todavía envuelto de 2010, intacto sobre la mesa y tan distinto de aquél gastado por los dedos que han pasado las páginas suavemente, cada mañana, sin conciencia de que cada página que pasaba era un día que se borraba de nuestro futuro y acrecentaba el pasado, que es tal vez la única región que habitamos siempre, el país imposible del tiempo ido, de lo vivido, la cartografía de las horas y los afanes conocidos que sólo puede recorrerse una vez y que se desmorona a medida que se camina por ella como un mapa de seda, la patria caduca de 2009 que es la del nacimiento de un hijo y de la alegría tan viva de verlo crecer y reír y comenzar a hablar y andar, también la de la certeza triste de los que se han ido quedando en las páginas dobladas del calendario, sin que hayamos grabado sus nombres en la página del último día que vivieron porque en el fondo todo lo que muere pasa y al final es olvido la vida y mentira la memoria y porque esas páginas ya las teníamos llenas de trajines, citas, reuniones o compromisos que tuvieron tal vez que aplazarse momentáneamente para que pudiésemos decirle adiós –entre prisa y prisa– a los que se nos murieron muriéndonos con ellos un trozo de nosotros, y termina el año cargado de obligaciones y muertes y alegrías que al final son ceniza, o papel quemado que no sabemos ni podemos conservar, otro año ido que a medida que vayamos envejeciendo será puramente recuerdo cada vez más incierto y diluido, y que por eso duele en el costado, porque sabemos que lo hemos vivido y que no lo viviremos más, y miro los dos almanaques juntos, el que habrá que quitar mañana y el que mañana habrá que instalar en su efímero reinado de horas imparables y me acuerdo de El Viejo, que cada tarde del 31 de diciembre, cuando cerraba el portalón de La Trinidad, decía “uno menos”, nunca “uno más”, porque el tiempo en realidad no suma, porque el tiempo siempre resta y merma vida, porque cada segundo que vivimos nos envejece y por eso nos acerca paso a paso al último segundo, donde no hay fiestas que nos esperen ni campanadas felices ni copas de cava elevadas sobre las risas y las emociones, uno menos, siempre uno menos, aunque el ritual de la felicidad nos brinde la efímera ilusión de creernos eternos, inmunes a la definitiva posesión que sobre nosotros ejercerán “los vastos jardines sin aurora”, y por eso ahora leemos el periódico que ya es pasado como nosotros mientras apuramos el café, felices por haber resistido un año más, por estar asomados a la barandilla de 2010, sintiendo que en nosotros repica no sabemos qué espejismo de alegrías claras como los ojos de Manuel, un coro diáfano de uvas marinas que nos dice que sí, que pese a todo, que pese a tanto derroche de tiempo como se escurre entre nuestros dedos, ha merecido la pena llegar hasta este día, hasta esta noche y que mañana, necesariamente, será un día nuevo para un año que deseamos mejor, si fuese posible.


(Publicado en Diario IDEAL en el día de hoy, Nochevieja de 2009)

miércoles 30 de diciembre de 2009

REVITALIZAR




En relación con el centro histórico –el maltrecho, el malherido centro histórico de Úbeda– ya sabemos que el verbo más usado es “revitalizar”. Antonio Almagro, refiriéndose a la casta política ubetense y a su política en la zona monumental, resumía más o menos el programa usado en un “Yo revitalizo, tú revitalizas, él revitaliza...” Pero ocurre que mientras todos se dedican a revitalizarlo, el centro histórico ubetense se está convirtiendo en un lugar en el que es casi imposible vivir.

Cuando este artículo salga a la luz ni siquiera será posible realizar algo tan fácil y cívico como comprar un periódico en todo el recinto intramuros: para entonces, habrá cerrado la Librería “El Candil”, porque su dueño, José Carlos Moral, está harto de revitalizaciones del centro histórico que no hacen sino maltratar a quienes en él habitan o trabajan. Ni centros médicos, ni colegios, ni kioscos... la Úbeda antigua se está convirtiendo en un lugar fantasma, con más de cuatrocientas casas deshabitadas y con una ausencia pasmosa y preocupante de servicios. Los únicos servicios que en realidad se mantienen allí son los que deberían haberse sacado a la zona moderna de Úbeda: la comisaría, el juzgado... Y mientras las iglesias agonizan comidas de ruina y humedades, mientras los palacios se desmoronan, mientras las casas que tienen decenas o cientos de años esperan a ser pasto de la piqueta, mientras se cierran negocios, mientras otros negocios tienen que esperar meses y meses a que se tramiten sus licencias de apertura o los heroicos vecinos que compran una casa en esa zona padecen todas las furias de la administración para algo tan simple como tirar un muro –sí, la misma administración que destruyó Santa María o que levantó el lateral de los juzgados–, mientras todo eso ocurre, la revitalización del centro histórico pasa por montar fiestas y ruidos y por levantar viviendas. Pienso en los antiguos cuarteles de Santa Clara o de Santo Domingo, donde la Junta de Andalucía, consciente de que el recinto histórico de Úbeda está sobrado de servicios, no ha tenido mayor ocurrencia que planificar más viviendas, en este caso de protección oficial.

En mis cortas luces creo que lo correcto para las VPO sería llegar a acuerdos con los propietarios de tantos bloques como se han quedado vacíos después de que explote la burbuja del ladrillo, para que la administración adquiera esos pisos y luego los venda debidamente protegidos. Pero aquí se opta por lo fácil –y rentable–, que es hacer más pisos. ¿No hubiese sido más sensato levantar un colegio de Primaria en el palacio de los Condes de Gavia o trasladar allí el IES “Francisco de los Cobos”, ubicando en las instalaciones de éste un centro de salud? ¿Qué se necesitaba más en el viejo cuartel de Santo Domingo, nuevas casas o una guardería? No, más pisos: aunque haya cientos vacíos en los alrededores del Parque Norte o en la zona del León o en las avenidas de la zona norte. (Precisamente en la zona norte, en un amplio solar donde antaño se ubicó el almacén de Obras Públicas, la Junta se va a dedicar a levantar más pisos en lugar de construir un edificio que albergue algunos de los servicios públicos que tanto necesita esta ciudad.) Aunque haya decenas de casas al borde de la ruina en el mismo centro histórico, sin que nadie las compre porque nadie se atreve ya a someterse a los arbitrios caprichosos de una administración que mide con raseros distintos sus intervenciones en los edificios y las calles históricas y las intervenciones de los particulares.

He visitado ciudades realmente hermosas y bien cuidadas –sin duda mucho más que Úbeda– donde los centros históricos permiten la convivencia entre los negocios y los vecinos, que no se sienten maltratados ni tienen que desplazarse un par de kilómetros para ir al médico, llevar a sus hijos a la escuela o comprar un periódico. Son ciudades en las que los monumentos –iglesias, palacios, teatros– están insertas en un contexto urbano que las respeta y las mima, todo lo contrario que lleva sucediendo en Úbeda desde los años 60, donde cualquier intervención que se realiza lo que provoca es una descontextualización de los edificios históricos, convertidos cada vez más en gimientes testigos de un pasado en el que esta ciudad fue bella. No sé si esas ciudades que cuidan y protegen sus centros históricos están revitalizadas o no, pero creo que están llenas de vida. Me gustaría que Úbeda se pareciera a ellas, pero mucho me temo que la causa del patrimonio histórico en Úbeda es ya una causa perdida, porque nuestros bienes monumentales y su entorno están gravemente enfermos y no parece que los responsables políticos tengan más interés que el de herirlos de muerte. No sabemos si para abreviar la agonía o para dejar su huella en la historia de nuestro pueblo.

(Publicado en IBIUT, núm. 165, Año XXIX, diciembre 2009)

martes 29 de diciembre de 2009

REYAS MAGAS




Los excesos del feminismo están provocando un resurgir del machismo, que por otra parte nunca se ha ido. Pudiera ser que el tiempo histórico no fuese ni lineal, como pensamos los occidentales desde la irrupción del cristianismo, ni cíclico, como piensan las culturas orientales y pensaban las culturas clásicas grecolatinas, sino simplemente pendular, y que los excesos de un lado tuviesen como respuesta un viaje precipitado del péndulo hasta el otro extremo, viviéndose épocas de mesura y cordura sólo durante el breve tramo central del viaje pendular. El patriarcado y el machismo tuvieron como sana respuesta el feminismo, que reivindico la igualdad de derechos (también de deberes) entre hombres y mujeres. Pero el feminismo viajó hasta uno de los extremos de la curva pendular, pretendiendo un juicio universal sobre los hombres y tratando de imputarles todos los crímenes padecidos por las mujeres desde que el mundo es mundo, los pasados y los que todavía padecen muchas mujeres. La consecuencia, claro, es que las voces sensatas comienzan a hablar y a decir las evidencias que no quieren verse, con el objetivo de que el péndulo se mueva hacia las zonas templadas de su curvado viaje, pero con el riesgo de que alcance nuevamente un extremo opuesto al actual. Pero como el péndulo sigue todavía en la lado del feminismo –que no postula la igualdad entre hombres y mujeres sino lo contrario del machismo, o sea la superioridad de las mujeres sobre los hombres– sobre estas voces sensatas recaen de inmediato toda clase de condenas, juicios y prejuicios.

El machismo sigue vivo, lo he dicho, y se muestra en el calvario padecido por María José Carrascosa en los Estados Unidos: machistas son las palabras del juez, machistas las reacciones poco afortunadas de algunas asociaciones de padres. Pero la otra cara de la moneda, el otro extremo del péndulo, viene dado por una Ley de Violencia de Género que cada vez provoca más reacciones sensatas que piden su revisión, porque deja en desamparo a los hombres, porque ampara las denuncias falsas –le guste o no a las asociaciones feministas esto es meridianamente cierto– y porque invierte la carga de la prueba, ya que ante una acusación de ese tipo es el hombre el que tiene que probar su inocencia. A mí los hijos de puta que maltratan a sus mujeres no me merecen ningún respeto y soy partidario de que se pudran, literalmente, en las cárceles. Pero sigo convencido de que es preferible que haya mil culpables sin condena a un solo inocente condenado, y una ley que está favoreciendo la condena de inocentes –no hablo sin saber: yo conozco un inocente condenado– merece ser revisada. Urgentemente. Pero ocurre que cuando alguien dice esto, como el juez Serrano de Sevilla, carga contra él la caballería pesada del feminismo, que en lugar de trabajar juntamente con tantos hombres que repudiamos el machismo, lo que hacen es despreciarnos por el simple hecho de haber nacido tales hombres, instaladas en la falsa superioridad moral del victimismo.

Pero yo, hoy, no quería hablar de cosas tan trascendentales. En realidad quería quedarme en el tema de los Reyes Magos y de las personas que los encarnan. Así que a lo que iba: en Úbeda se presentaron más de cuarenta personas –entre ellas cinco mujeres– para el sorteo de Rey Mago, que se celebró el día 23. Los afortunados con la mágica corona fueron tres hombres, y ya andan por ahí algunas mujeres diciendo que para cuándo mujeres Rey Mago.

¿Mujeres Rey o Reya o Reina Mago o Maga? Pues yo, que no soy machista ni nada que se le parezca, ni retrógrado, ni patriarcalista ni nada parecido, no lo veo, que quieren que les diga. Y creo que lo sensato es que para el “puesto” de Rey Mago sólo puedan presentarse hombres. Porque vamos a ver: primero, los críos no son tontos, y si cuando los Reyes los reciben la tarde del 5 de enero les habla una mujer, pues saben que algo falla y a mí no me gustaría que ninguna mujer le rompiera la ilusión a mi Manuel; y segundo, habrá que decir de una vez que para estas cosas testimoniales, simbólicas, festivas, no hay problema en que los hombres participen de unas y las mujeres de otras, y que no debe haber problema para que los Reyes Magos sean hombres de igual manera que no lo hay para que las mujeres –y sólo las mujeres– puedan ser falleras mayores, reinas de las fiestas allá donde estas costumbres existen, alcaldesas de Zamarramala o cosas similares.

Una mujer tiene –o debe tener– los mismos derechos que un hombre. Debe cobrar el mismo sueldo por igual trabajo. Las mismas oportunidades para promocionarse social y profesionalmente. La misma libertad libre de prejuicios para acostarse con quién le de la gana. Una protección laboral específica para sus periodos de embarazo y maternidad, protección que objetivamente no cabe en el caso de un hombre. Todos los derechos que le han sido negados a lo largo de la historia. Pero una cosa es eso y otra muy distinta sería montar un pollo porque alguien, con dos dedos de cuerda frente, dijera que sí, que los Reyes Magos sólo pueden ser hombres. Porque si por esto se enfadan las feministas, femilistas o feminazis, que diría Pérez Reverte, pues habrá que postular entre los carnavaleros de Cádiz que los hombres exijan “su derecho” a vestirse de piconeras en el Carnaval y en ese plan.

viernes 25 de diciembre de 2009

FELIZ NAVIDAD






"Conociendo, pues, la honestísima Virgen la hora de su parto, José salió fuera, que no le pareció justo asistir personalmente a tan divino sacramento. María, descalzándose las sandalias de los benditos pies, y quitándose un manto blanco que la cubría y el velo de su cabeza, quedándose con la túnica, y los cabellos hermosísimos tendidos por las espaldas, sacó dos paños de lino y dos de lana, limpísimos y sutiles, que para aquella ocasión traía, y otros dos pequeñitos para atar la divina cabeza de su Hijo… Como tuviese todas estas cosas prevenidas, hincándose de rodillas, hizo oración, las espaldas al pesebre, y el rostro levantado al cielo, hacia la parte del Oriente… Estando en esta oración sintió mover en sus virginales entrañas su soberano Hijo, y en un instante le parió y vio delante de sus castos ojos… El Niño entonces, llorando y como estremeciéndose por el rigor del frío y la dureza del suelo, extendía los pies y las manos buscando algún refrigerio, y el favor y amparo de su Madre, que, tomándole entonces en sus brazos, le llegó a su pecho, y poniendo su rostro con el suyo, le calentó y abrigó con indecible alegría y compasión materna. Púsole después de esto en su virginal regazo, y comenzó a envolver con alegre diligencia, primero en los dos paños de lino, después en los dos de lana, y con una faja le ligó dulcemente el pequeñito cuerpo, cogiéndole con ella los brazos poderosos a redimir el mundo; atóle también la soberana cabeza por más abrigo, y hechas tan piadosas muestras de su amor materno, entró el venerable José."

LOPE DE VEGA ("Pastores de Belén", 1612)

jueves 24 de diciembre de 2009

OJALÁ LA NAVIDAD






Ojalá que para hoy no tuviésemos gastadas todas las palabras –gastadas como cantos lamidos por los océanos, como yunques viejos–, para que al decir “felicidad” deseáramos exactamente eso y no otra cosa, ojalá no estuviesen manidas todas las felicitaciones ni agostados los deseos y pudiese ser verdad un brote de no sabemos qué ternura para poder curar las heridas del mundo.

Ojalá que en esta Nochebuena se pudieran encontrar gestos más sencillos, alimentos compartidos y vinos generosos, risas sin acento ni posturas esdrújulas, quién pudiera caminar y volver a un origen perdido entre anuncios de televisión y refinamientos de una familiaridad cosmética e impostada.

Ojalá fuese posible volver a ser aquellos niños que fuimos y tener todavía restos de serrín entre las uñas, con nervios y con zapatos en la recámara del corazón y con promesas de enero en los ojos, y pudiéramos pasarnos la tarde de este día de diciembre –tan triste de recuerdos que no se puede ser más feliz– leyendo en el brasero, navegando por mundos fantásticos que nos transportaban lejos del ruido cálido de la cocina en la que nuestra madre se afana siempre entre pucheros y copas relucientes, ojalá.

Ojalá la melancolía desatase cadenas y nos desnudase de ataduras, y nos permitiera encontrarnos con nosotros mismos cuando el gallo cante esta medianoche, más libres, más puros, ciertamente más viejos, pero todavía con ilusiones mantenidas desde aquellas Navidades en las que fuimos niños y sabíamos que la felicidad es fácil y abundante si uno renuncia a las complicaciones y la derramábamos a manos llenas, ojalá nos encontrase la Nochebuena turbados de alegría, casi inocentes y con alguna esperanza sostenida entre las manos como un presente incierto para un Dios que quiere nacer en el silencio de la madrugada fría y la lluvia mansa.

Ojalá esta noche fuese posible el milagro y mañana amaneciese pan para todos los niños del mundo, agua para tantos pozos secos, juguetes para que los padres que nada tienen puedan regalar una sonrisa a sus hijos, ojalá mañana no despertasen hogares sin ilusión, ojalá fuese posible el amor que se encarna en un misterio cósmico custodiado de ángeles y pastores asombrados.

Ojalá guardásemos en nuestros corazones la limpieza con la que Manuel mira el mundo, la sorpresa infinita con la que toca todas las cosas, ojalá conservásemos el llanto sin maldad con el que protesta cuando se tuercen sus planes, la cristalina risa con la que alegra los días y los llena de luz, ojalá Manuel entendiera que hoy es Nochebuena y que yo no tengo nada mejor que él mismo para desearles a tantos como quiero que sean felices, o que al menos lo intenten, o que no se resignen a dar por perdida una batalla por la felicidad que cobra sentido cuando la Nochebuena nos trae, cada año, la vida concentrada en un frasco de emociones intactas que sólo se romperá cuando nosotros nos vayamos y no volvamos más.

Ojalá mañana fuese feliz la Navidad.

(Publicado en Diario IDEAL en el día de hoy, Nochebuena de 2009)

martes 22 de diciembre de 2009

HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA






A estas horas todos pensamos que hoy puede ser nuestro día y que dentro de un rato los niños de San Ildefonso cantarán el número de algunos de los décimos que jugamos. Es curioso que este país en el que cada uno quiere tirar por su lado y su cuenta se arrejunte en este afán de soñar y desear que es el 22 de diciembre. Y es curioso –y seguramente hasta estúpido– que pongamos nuestras ilusiones en manos de esa casualidad que es que dos bolas coincidan y sean cantadas, pero es que la ilusión no deja de ser eso: una magnífica estupidez patrimonio de los que todavía tienen un trozo de corazón como de niño.

Me encantan las vísperas, las horas previas a todo lo que puede resultar importante, los momentos en los que uno todavía construye castillos en el aire. ¿Verdad que hoy es un día “bonito”, aunque al final acabemos conformados con tener salud, que no es poco? No sé, a mí este soniquete de las pedreas (¡cuánto se echa ahora de menos la vieja peseta y se aborrece el euro maldito!) me hace viajar en el tiempo, hasta aquellas Navidades de mi niñez que comenzaban tal día como hoy y no el de Todos los Santos, como ahora ocurre. Y me pone feliz y me permite soñar, imaginar lo que haría si me tocase la lotería. Vamos, que con esto del Sorteo de Navidad me ocurre, más o menos, lo que a todos vosotros.

Hoy puede ser un gran día. ¿No tenemos todos ese presentimiento? Ojalá pudieran cumplirse los mejores sueños de todos nosotros; pero como al final sólo pueden cumplirse los de un puñado de españoles (a los que la Fortuna les da un beso con lengua de los que no se olvidan) pues si no son los nuestros los que se cumplen, que sean al menos los sueños de los que más necesitados andan de ayuda.

Hoy puede ser un gran día, duro con él. Y brindemos aunque no nos toque el Gordo, porque estamos vivos y tenemos la oportunidad de ser felices.